Mi vieja,
hace mucho la perdoné, pero aún recuerdo.
vi, sus manos hace unos dias, y lo noté.
ya es mayor.
El sentimiento invadió mi cuerpo,
y desde entonces, no me deja.
Vieja, sí
mi vieja, sus manos con montañas sinuosas,
marcadas por el tiempo y el trabajo.
Vieja, sí
mi vieja, no es tan mayor,
pero es evidente que el tiempo no pasa en vano.
Ni siquiera sé cuando pasó sobre nosotras,
pero veo su rosto, lo analizo y la veo
la veo aún ahí, sentanda en la mesa,
leyendo la carta que le escribí y enterré en un cajón.
"me hiciste mas daño", decía
y cuando me encaró, en ese entonces no lo escuché,
pero ahora que lo recuerdo había, dolor en su voz.
No pude contestarle
porque yo era una niña,
y ella tendria en ese entonces, mi edad:
los eternos 25,
para mí, aún tiene 25.
Así, que cuando vi sus manos
y lo noté,
mi propia identidad se rompio con su edad.
He sido un espectador toda su vida.
Y he sido un espectador en la mia.
No cambió nada,
pero todo cambió.
Mi vieja,
sus manos envejecieron frente a mis ojos.
Su rostro envejeció frente a mi,
Pero ¿cómo?
Si aún tiene 25.
Aún esta sentada en el comedor,
con la hoja entre sus manos.
Aún esta en su cama,
escuchando mis palabras,
escuchando mientras grito auxilio
con palabras disfrazadas.
Pero ¿cómo?
Si aún está ahí, frente al calor de la estufa.
Ella aprendió conmigo lo que es ser madre.
Yo aprendí con ella lo que es no ser madre.
Las manos de mi vieja,
ya no parecen de 25.
Los eternos 25.
Ahora es abuela, ¿sabes?
y es mejor abuela que madre,
Pero ellos nunca verán la mujer que yo vi,
la mujer que envejeció conmigo mirandola,
la mujer que envejeció conmigo mirandola,
mirándola sin verla.
Y sé que es asi, por que no me di cuenta
hasta que las vi:
las manos de mi madre.
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